La rasqueta en Arqueología

Toda persona que se tercie en una excavación arqueológica ha de lidiar con la rasqueta. La rasqueta termina convirtiéndose en una articulación más de la persona. Una tercera mano. Salir al yacimiento sin la rasqueta es como un futbolista sin botas de fútbol, un cocinero sin cuchillos, una taxista sin taxi.

La relación con tu rasqueta llega a ser tan estrecha que terminas por ponerle nombre. Un nombre bonito, cariñoso. Que la diferencie del resto. Porque no es una cualquiera. Es la tuya. Tu rasqueta. Tantas horas de duro trabajo compartido. Tantos descubrimientos conseguidos. Tantas batallas.

En ocasiones la empresa con la que trabajas te otorga una en tu primer día de trabajo. Aunque esto no es muy general y a veces tienes que llevar la tuya propia si tienes. Y si la tienes, aunque te la den, es la que vas a usar. Es tu herramienta más íntima. Si el primer día de excavación te toca una, probablemente repitas la misma al día siguiente y así empezará una bonita relación.

Si por el contrario te la has comprado, es recomendable que le pongas tu nombre o que le hagas una señal característica o tus iniciales en el mango con un punzón o un cuchillo. Por eso de diferenciarla del resto y para que no se te “pierda”.

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La herramienta por excelencia

La rasqueta puede que represente la herramienta más característica de la Arqueología. Hay quien la llama paletín pero en cualquier caso, no faltan de ellas en ningún proyecto de excavación.Habrá días en que sólo utilizas este tipo de herrmaienta; nada más.

A lo largo de un proyecto de excavación, unas semanas, unos meses, la hoja de la rasqueta se irá desgastando y adquiriendo una forma digamos más personal, más auténtica.

¿Y por qué es tan importante?

Las principales tareas que se desarrollan con la rasqueta son el rascado de la tierra para limpiar las capas más superficiales y la extracción del relleno de una Unidad Estratigráfica.

Hay otras herramientas que te permiten hacer las misas tareas pero la rasqueta, al ser tan pequeña, amoldarse tan bien a la mano y ser tan manejable, te permite realizar trabajos más “finos”; te proporciona un mayor control de los movimientos, lo cual viene muy bien a la hora de excavar las unidades estratigráficas.

¿De qué depende que la rasqueta adquiera una forma u otra?

Pues de la manera que tengas de rascar la tierra. Hay quien raspa de forma más horizontal otros de forma más vertical. Y así la hoja se irá consumiendo hasta que te quedes con el mango que ni raspa ni rasca ni nada. Aún en ése momento te negarás a reconocer la evidencia y te resistirás a deshacerte de ella.

¡Pero es que es tan buena!
¡Pero si tiene la forma de mi mano!

Ten cuidado. Desconfía y ándate con mil ojos no vaya a suceder lo mismo que con el peluche que tenías desde pequeño y que tu madre, en un descuido durante una tórrida tarde de verano, te lo arrebató con alevosía haciéndolo desaparecer para siempre. Al principio la cogerás de la punta del mango, con miedo, con respeto. En fin, sin brío. Te pesará, te dará la impresión de estar blandiendo una espada de hierro. Pero al cabo de unos días tu rasqueta y tú seréis un solo ser y parecerá que tus pensamientos son obedecidos por la rasqueta.

Así no, un barrido más transversal. Eso es. Ahora limpia esta sección. Muy bien –

Tu mano se irá deslizando suavemente por el mango bajando hacia la hoja hasta que termines por abrazarla con todos los dedos, empuñándola.

¿Cuándo sabrás si eres toda una experta en el uso de la rasqueta?

La prueba de fuego es conseguir clavarla en el suelo lanzándola con fuerza hacia abajo con un golpe seco.

De verdad, créeme cuando te digo que la rasqueta es el objeto más íntimo del arqueólogo. Si te dejan una, trátala con cariño. Si te regalaron una, considera con gran aprecio a la persona que tuvo tal deferencia.

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