El tratamiento de las piezas de un yacimiento

No hay nada más emocionante que encontrarte algo en una excavación. Bueno, que lo encuentres de una sola pieza. Porque muchas veces lo que encontrarás serán pedazos de algo que fue. En cualquier caso, la alegría es tremenda y te permite en cierto modo, observar el pasado de forma directa a través de sus objetos.

Tras la emoción del descubrimiento viene el momento en que tenemos que ponernos a trabajar de verdad. Y es cuando surgen las primeras preguntas:

¿Qué hacemos con las piezas arqueológicas que encontramos?

Como te puedes imaginar, esto depende del tipo de pieza que te hayas encontrado. Ya sabes que no podemos tratar a todos los objetos del mismo modo porque cada uno tiene su peculiaridad (material, estado de conservación, importancia, etc…). Y es en el laboratorio, tras el trabajo de campo, donde se sigue el trabajo de clasificación de las piezas.

Si queires saber en qué consiste el trabajo de laboratorio, te lo explicamos aquí

Cuando te encuentras con un artefacto

Un artefacto puede ser un objeto elaborado por el ser humano o modificado de forma directa o indirecta por una persona. Esto es cerámica, huesos de animales, herramientas, materiales de construcción, restos de una hoguera…Pueden ser de muy diversa índole.

El proceso para catalogar estos artefactos dentro del yacimiento sigue unos pasos bien definidos que empiezan con su recuperación.

Una vez que lo hemos recuperado, el artefacto se le da un número de identificación correlativo dentro del yacimiento y relacionado con el número de la unidad estratigráfica donde fue encontrado. Se le etiqueta este número y se guarda en una bolsa donde se vuelve a escribir su número de identidad.

Todas estas piezas son guardadas en un espacio del yacimiento esperando a ser llevadas al laboratorio para que se laven. En ocasiones el proyecto contará con una especie de laboratorio donde se podrá llevar a cabo este proceso. Hay algunas excepciones donde es conveniente no hacer pasar a la pieza por el proceso de lavado:

  • Si es una pieza de metal  pues el agua la corrompe.
  • Si se trata de trozos de yeso ya que se podría deshacer con el agua.
  •  Cristal para evitar cortes y quitar posibles capas.
  • Cualquier pieza sensible de ser rota si se pasa por el agua o el cepillo.

Para el lavado se suele utilizar diferente tipos de herramientas. No te creas que son muy especializadas. Un palillo o un viejo cepillo de dientes puede servir para esto. Siempre teniendo en cuenta no distorsionar o destruir ninguna parte de la pieza con estas herramientas.

Tras pasar por el agua se dejan secar por sí solas y cuando ya están completamente secas se les vuelve a meter en su bolsa correspondiente con su etiqueta donde se identifica la UE (Unidad Estratigráfica), el material, la fecha de descubrimiento y las iniciales del descubridor. Esta información la pasamos también a la ficha correspondiente donde tenemos el resto de piezas encontradas registradas.

Las piezas especiales

Hay algunas piezas que requeiren un tratamiento especial por su importancia. El proceso para recopilar estas piezas es prácticamente el mismo aunque se hace con mayor meticulosidad.

Cada pieza de estas tiene un número concreto (aparte del otorgado por su UE) para individualizarla. Además, se intenta tomar las cotas y las coordenadas donde ha sido hallada con el fin de resaltar el lugar del descubrimiento en el plano 3D del yacimiento.

Una vez en el laboratorio se describirá detalladamente en qué consiste la pieza y se elabora su ficha particular.  Si su estado de conservación y características permiten que sean lavadas, se hace y luego se devuelven a su bolsa correspondiente. Posteriormente, las piezas son estudiadas en laboratorio por un especialista (osteoarqueólogo, zooarqueóloga, etc…).

Si quieres leer el artículo donde explicamos las fichas en Arqueología pincha aquí

Y luego qué

Una vez terminada la excavación el destino de estas piezas suele ser el museo. Dependiendo de su relevanica, ocuparan un importante espacio en una vitrina o serán denostadas a los húmedos depósitos del mismo. Normalmente se depositan en cajas o cubos de plástico con sus respectivas bolsas etiquetadas para identificarlas correctamente, tanto para el museo como para la investigación.

La verdad es que este destino es una pena porque hay muchos objetos escondidos en los depósitos que bien podrían iluminar toda una sala.  De hecho, hay museos que ofrecen visitas guiadas a sus depósitos como una forma de revitalizar estos objetos y evitar que mueran en el olvido. En otras ocasiones, un buen dia, mientras se limpian los bajos del museo, aparecen piezas sorprendentes que ni se sabía que estaban ahí.

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