El hallazgo casual en Arqueología.

Hay un gran interés en cuanto a la legislación que rige los descubrimientos arqueológicos y los hallazgos casuales. Sobre todo por parte de los aficionados a los detectores de metales. Este interés acuciante es casi tan grande como la confusión que genera las diversas legislaciones de las diferentes comunidades autónomas del Estado español.

Muchos de éstos aficionados me escriben preguntándome si será ilegal practicar su afición en tal sitio o si encontraran algo se lo podrían quedar, o a quién dirigirse y cómo actuar en el caso de encontrar algún “tesoro”. Muchas preguntas que son generadas principalmente por la ambigüedad que genera la actual ley. ¿Qué es Patrimonio? ¿Dónde puedo “escarbar”? ¿Es mío si lo encuentro?

No cabe duda que el hecho de encontrar algún objeto o yacimiento de manera fortuita tiene que estar legislado de algún modo. Y de hecho lo está. La ley de Patrimonio Histórico recoge la figura legal del hallazgo casual que trata de dar respuesta a esas preguntas que en ocasiones me plantean los detectoristas.

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Lo que es hallazgo casual y lo que no lo es

Muchos de los restos arqueológicos o históricos de nuestro Patrimonio Cultural y material son evidentes, tangibles. Se ven y se tocan. Un edificio histórico, un yacimiento arqueológico, los restos materiales de las vitrinas de los museos… Ese tipo de patrimonio histórico es evidente que no corren el riesgo de ser considerados un hallazgo casual.

La ley declara de domino público a todo objeto arqueológico descubierto de manera casual o por excavaciones arqueológicas.

Pero mucho del Patrimonio arqueológico se encuentra bajo tierra. Y por tanto es muy probable que sea descubierto de manera casual. De hecho, la mayoría de yacimientos arqueológicos salen a la luz de manera fortuita. Y muchos de los yacimientos arqueológicos más conocidos y llamativos fueron descubiertos de manera totalmente inintencionada.

Es el caso del teatro de Carthago Nova. A pesar de la descomunal y de que se sabía por los trabajos de los historiadores latinos de que existía en alguna parte de Cartagena, no se sabía dónde podía localizarse hasta que en los años 80 se descubrió con motivo de unas remociones de tierra relacionadas con unas obras. Y es que los hallazgos casuales se producen generalmente como consecuencia de trabajos de campo, obras, de cualquier tipo.

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¿A quién pertenece el pasado?

El argumento de muchos algunos detecoristas es que si no se trata de una zona arqueológica protegida, todo lo que se encuentren puede ser suyo. Pero no es así. La ley, basándose en el principio de que la Arqueología pertenece a todas las personas, declara de domino público a todo objeto arqueológico descubierto de manera casual o por excavaciones arqueológicas.

Recompensa envenenada

La Historia y la Arqueología es Patrimonio cultural y pertenece a la sociedad en su conjunto. Por eso, la ley obliga a toda persona que encuentre un objeto arqueológico a comunicarlos a las autoridades (policía, Guardia Civil o Seprona) en un plazo de unas 48 horas. Además se recoge que si el objeto o piezas arqueológicas no han sufrido daño alguno, se le otorgará a su descubridor la mitad del precio en que sea tasado dicho objeto arqueológico por los especialistas. Pero esto es peligroso y puede ser peor el remedio que la enfermedad.

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La importancia de no tocar el hallazgo casual

Cuando se premia un descubrimientocasual“, se corre el peligro de que algunas personas busquen “tesoros” en zonas potencialmente con yacimientos arqueológicos y que no estén catalogadas como tales. Esto puede hacer que a la hora de encontrar unos restos materiales arqueológicos, en un ímpetu por desenterrarlo, se modifique el contexto en el que esos objetos aparecen.

[Tweet “Un objeto descontextualizado es un objeto perdido en #Arqueología “]

Esto es fatal para el estudio histórico pues un objeto descontextualizado es un objeto perdido en el tiempo. Pierde gran parte de su valor. El estudio arqueológico se basa en el estudio del pasado a través de los restos materiales. Pero si estos restos se separan de su hábitat arqueológico y del resto de materiales arqueológicos y de su estratigrafía, ¿Cómo podrá ayudarnos en nuestro estudio del pasado esa pieza? Por eso es mejor dejar las cosas en su sitio y evitar desenterrar cualquier objeto que aparezca, llamar a las autoridades y que se encarguen de gestionarlo.

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