Por favor, no tocar! Prohibir sentir en un museo

El tacto es uno de nuestros 5 sentidos. Y como todos ellos nos permite percibir el mundo en el que vivimos. Nos ayuda a dar forma a nuestra realidad. Por tanto, sería una pena que prescindiéramos de él para percibir el Patrimonio Cultural, ¿no crees?

Cuando visitamos un museo y nos encontramos rodeados de objetos llamativos o de gran valor histórico sentimos la necesidad imperiosa de querer tocarlo. El gesto inconsciente de alargar la mano para notar, sentir y percibir la pieza con las manos se nos reprime con una austera vitrina. Entonces nos quedamos embobados con la mirada pegada al cristal mientras nos imaginamos cómo sería tenerlo entre las manos.

¿Deben los museos dejar tocar los artefactos de sus colecciones?

Bueno, yo que he estado en ambas partes, como visitante y como empleado en un museo, lo tengo claro. Pero esta pregunta genera debate dentro de los propios profesionales de los museos.

Tocar los objetos nos permite percibir detalles que a simple vista se nos escapa. Nos hacen las piezas tangibles y, por consiguiente, reales.

Entonces ¿por qué los museos no querrían que tocáramos las cosas?

Bueno, una de las razones por las que los museos se oponen a que los visitantes toquen las piezas es que pondrían en grave peligro la conservación de la misma.

Una de las tareas del museo, aparte de exhibir los artefactos del pasado, es la de conservar. Y si dejaran que todo el mundo tocara todo no habría ni objeto ni museo.

Pero claro, el Patrimonio cultural debe tomar ventaja de la era de las Tecnologías y la Comunicación. De hecho no es nada nuevo encontrar réplicas en los museos que el visitante puede manipular. Muchos son los museos que ya usan desde hace tiempo las réplicas.

En un mundo en el que cada vez más las nuevas tecnologías acaparan más espacios, el museo no es ajeno a ello. Pero la Realidad Virtual no permite experimentar todavía la sensación de tocar. No hace tangible al objeto. Es una ilusión.

¿Te imaginas poder manipular unas determinadas herramientas de hace miles de años tú misma?

¿O poder elaborar armas con los útiles del pasado?

¿O servir una comida con la vajilla del siglo pasado?

Estoy seguro que un museo así tendía colas de visitantes a sus puertas. Pero no es fácil tener una exposición donde todo se pueda tocar.

Tocar en un museo cambia la perspectiva del museo

La experiencia de tocar es inigualable. Poder tener un artefacto entre las manos te permite verlo desde todas perspectivas, escudriñar hasta su más mínimo detalle, indagar en el. Hacerlo tuyo. Una experiencia que es harto imposible si la pieza se encuentra aislada dentro de una vitrina.

Creo que la mayoría de personas estará de acuerdo en que la posibilidad de tocar los objetos otorga una dimensión mucho más amplia de la exposición en su conjunto. Una mejor experiencia.

Pero ¿entonces es lo mismo usar réplicas para ese cometido? Hay ciertas diferencias entre manipular la copia a manipular el original.

Probablemente algunas personas se sentirían decepcionadas. Una copia, por muy fiel al original que sea, no cuenta con la historia de la pieza, no es…la pieza.

Pese a que muchos museos tienen en cuenta la experiencia de tocar, todavía no es una actividad que se practique generalmente.

Y creo que debería tomarse como punto de partida algunos proyectos que determinadas exposiciones realizan con maquetas o réplicas de las piezas originales para el público con dificultades visuales. Está claro que en este punto, los museos deben ir más allá.

¿Tan determinante es tocar para aprender del objeto? ¿Qué resulta más importante para un museo: tocar o conservar?

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